Hoy me escapé. Estaba cansado de esperar que escampara. Después de hacer un recado con el coche, se me ocurrió llegarme a algún lugar bello en el que sentir la proximidad de la naturaleza. Después de desestimar la opción de subir hasta la Arboleda, enfilé la carretera de Ugarte para dirigirme a la estación del funicular de la Reineta. A la derecha, según se llega, hay una explanada y un pequeño prado junto a los que vegetan un añoso roble y una plantación de acacias. No pude bajar del coche; ni siquiera abrir las ventanillas, de tanto que llovía. El viento huracanado de días atrás había partido algunos de los árboles más débiles, y el agua, socavado la carretera, que a partir de ese punto estaba cortada al tráfico. También había hecho saltar una tapa de alcantarilla, de la que manaba a borbotones marrón claro. No era precisamente la experiencia que andaba buscando, y después de ver cómo subía el vagón y de esperar que terminara de bajar el que le sirve de contrapeso, volví a casa.

Fotografía de autor desconocido.
3 comentarios:
Me estoy tomando mi segundo café de la mañana. Hoy, yo también me he escapado al centro-centro, de Kutxa y otras tiendas. Luego un apresurado café en la cafetería que he rebautizado para mi uso y consumo con el nombre de la que fue prolongación de mi hogar en Rente, Tolare, Tolare, ¡ay aquella Tolare! Me ha sabido estupendo, y también las palabras intercambiadas con el camarero, naturalmente en estilo telegráfico: calentito... y rico... sí... ¿prisa?... como siempre... adeu... agur... Qué vida llevo, cómo me gustaría perderme como has hecho tú, aunque tampoco pudiera salir del coche, me conformo con mirar, mirar y mirar, me conformo con tener ese precioso tiempo... A ver si esta tarde me dedico a un poeta entrevisto en casa de Juan Luis. Ya he terminado con Santi Andia, que me ha dejado el sobrio sabor barojiano para una temporada.
Que tengas un hermoso día, Glo.
Gracias, Mertxe.
Yo también me estoy dedicando a Locke... alternándolo con "Bajarse al moro", piecita teatral que me llena de melancolía y a la que vuelvo de cuando en cuando...
Un abrazo.
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