Rodeado de altas montañas levanto mi castillo de arena.
Con un ojo cerrado me tumbo a su lado y resulta mayor que aquellas.
El repertorio tradicional: dos ventanas, un foso y una puerta;
el dragón, el caballero y la princesa;
y la historia de un amor que vence las intenciones aviesas.
"Chanson romanesque", de "Don Quichotte à Dulcinée" de Maurice Ravel.
5 comentarios:
(Je connais cette chanson, du fait, je connais Ravel que j'ai toujours aimé depuis mon enfance parce que ma mère l'adorait depuis toujours.)
Siempre que cerramos los ojos junto a los recuerdos, estos nos parecen enormes, a pesar de que ya no tienen ventanas ni puertas, y el foso, por mucho que nos empeñemos, los atrapa cada día un poco más.
Te pido perdón por esta ensalada de inconexiones, pero es que la mañana está así, revuelta y sin mucho sentido.
Abracitos muy cálidos desde un Maresme algo grisáceo.
(Era yo la de arriba...)
Todo es cuestión de perspectiva, nada mejor que una princesa de cuento para darle matarile a los dragones y otras criaturas furibundas.
Saludos desde la torre del homenaje.
"... una vez muertos sus padres, con los que siempre ha vivido...", dijeron de Ravel. Esta frase despertó en mí una gran simpatía hacia el músico.
Siento mis largas ausencias.
Un gran abrazo, nómada.
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