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22.7.26

¿EUROPA?

Hay un evidente interés político, antiquísimo, en la creación de Europa. Poco menos antiguo que su relativamente efímero fundamento geográfico: aquel río glacial que atravesaba los desiertos de sal y desembocaba en el mar Negro después de alimentar y rebosar los mares de Aral y Caspio. Pero no por antiguo, ese interés es menos retorcido y siniestro.

Y así sucede que la Europa comunitaria cruje como un frágil barquito de madera enmedio de cualquier tormenta: cada vez que alguien pretende definir qué es Europa central; qué es la Europa mediterránea; qué es la Europa del norte; hasta donde llega la Europa oriental...; la Roma antigua, que se centró en el mar Mediterráneo, adolece siempre del olvido de su parte sur y su parte este; el límite oriental cambia constantemente, y los países a los que afecta negativamente se revuelven, como Georgia, que se niega a ser excluida de una Europa a la que siempre ha pertenecido; Hungría es el límite occidental de las estepas eurasiáticas...

Y es que no: Europa no es un continente distinto de Asia, por mucho que los vigilantes de la Wikipedia se empeñen en que esta idea es "minoritaria". Aunque en esto tienen razón: la verdad suele ser un asunto minoritario, como han venido demostrando, durante siglos, los filósofos.

Fotografía (encontrada aquí), de un submarino convencional ruso en el canal del Bósforo (al fondo, Europa). El mar Negro y los cuerpos de agua que lo unen con el mar Mediterráneo son los únicos accidentes geográficos que sostienen la separación continental.

5.7.26

EL LÍMITE PALEOGEOGRÁFICO ENTRE EUROPA Y ASIA

Los griegos antiguos aprovecharon la rotundidad de un accidente geográfico acuático para establecer el límite continental sobre un fundamento inequívoco. Porque, no es solamente que desearan establecer un límite entre Europa y Asia, sino que realmente existió un límite entre Europa y Asia. Esa realidad paleogeográfica permite eliminar la ambigüedad que, desde la falta de fundamento presente, parece extenderse hacia el pasado.

Es en la cultura rusa donde este asunto parece estar más claro y es en ella en la que he encontrado las fuentes que me han permitido conocer la existencia de esa realidad antigua: una formidable corriente que, partiendo del casquete polar ártico (del gran lago de Siberia occidental*, ¿adonde pudieron llegar los griegos antiguos?), desaguaba el caudal de toda la actual vertiente ártica de Siberia (compilación, principalmente, del caudal de los ríos Obi, Yenisei y Lena), a través de los lagos Aral y Caspio. Si podemos imaginar la anchura de semejante corriente, podremos comprender el motivo por el que el límite entre Europa y Asia resultara algo evidentemente establecido en ella.

Con el retraimiento de los hielos árticos se produjo la sorprendente y difícilmente comprensible desaparición de dicha corriente, que dejó sin sentido el distingo entre Europa y Asia, al menos a partir del mar de Azov. El antiguo lecho de aquella enorme corriente de agua dulce se convirtió en un desierto, e incluso en un enorme depósito de sal en las inmediaciones del mar Caspio.

 

(*El lago de Siberia Occidental fue un accidente que puede comprenderse si imaginamos que, desde la cordillera de los Pirineos hasta Bretaña se tapona la desembocadura en el océano Atlántico de todos los ríos, hasta que el nivel de sus aguas alcanza la divisoria de menor altitud y rebosa sobre ella para pasar a desaguar en el mar Mediterráneo.)

 

 
Saladares en lo que un día fue el lecho de un mar Caspio de agua salobre, cuando alcanzó su mayor extensión debido al aporte del desague del lago de Siberia Occidental. Fotografía encontrada aquí.


El pequeño río Mánych (Ма́ныч) oriental (fotografía de Vladislav Vladimirov del 30/08/2024), hoy fluye en sentido contrario y con el caudal mínimo del desagüe de la vertiente oriental norte de la cordillera del Cáucaso. Por este mismo lugar pasaron los caudales de los ríos Obi, Yenisei, Lena, Amu Darya, Sir Darya, etc., camino del mar Negro.


No obstante, la cuestión fundamental es la permanencia y la memoria de estos hechos, que motivaron un empeño que durante siglos ha carecido de sentido.