Por desgracia, buscando en la red con estas dos palabras sólo se obtienen clasificaciones, definiciones, supuestas causas y supuestos remedios. Nadie se ocupa de considerarlo parte y consecuencia de la dureza de la vida; es decir, algo irremediable como el vértigo ante la proximidad del abismo. Porque la vida no es un "caso clínico", sino una tragedia, y la noche es el momento en el que la falta de distracciones nos enfrenta a su consideración. El sueño y la circunstancia de la noche (oscuridad y silencio), desarman los consuelos con los que nos protegemos, con los que nos consolamos.
Así que no sentimos terror nocturno solamente porque nos sucede algo por esto o por aquello (que pudiera ser), sino también porque alcanzamos la consciencia de la inanidad de nuestra vida y de nuestra completa soledad.
Poner esto y todo lo demás en la consciencia es tarea del pensamiento filosófico; del pensamiento honesto, sincero. A este mostrar lo que es "sin tapujos", a este "desvelar", este "quitar el velo", a este "revelar" lo denominaron los griegos apocalipsis. Y la contemplación de la realidad desnuda es un ejercicio aterrador; y no porque lo dijeran los griegos, sino porque lo podemos experimentar cada uno de nosotros cada noche.
Nuestra vida de adultos comienza con la toma de conciencia de esta realidad, y el universo adulto se vertebra por la actitud que tomamos para con ella.
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