Ser una persona medioambientalmente comprometida es intentar comprender nuestro medio inmediato con la tarea de dudar constantemente de nuestras certezas. Es un trabajo personal y no social, que exige adquisición de amplios conocimientos (lo mayores posible), y honestidad a rajatabla. Los ecosistemas no se crean, sino que se mantienen (y esto, con enorme dificultad). La complejidad de los ecosistemas excede nuestra capacidad de comprenderlos. No existe la naturaleza en sí misma sino con las personas. Nuestra relación con el medio no es una religión en la que hay que creer, sino algo que debemos aspirar a comprender. El medio ambiente empieza en nuestra casa. La naturaleza no es bonita ni fea, y con frecuencia lo medioambiente más positivo resulta ser lo feo.
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