4.6.26

ACERCA DE LA EXPLORACIÓN ESPACIAL

Como te prometí, procedo a enviarte mis reflexiones acerca de esa actividad humana que los comunes solamente podemos considerar por indicios.

Cuando Juan Sebastián Elcano llegó al mismo punto del que había partido, después de circunnavegar el planeta moviéndose siempre hacia el mismo punto cardinal, quedó confirmado que la tierra es redonda. Pero resulta muy extraño que, antes de esa constatación, nadie sacara unas conclusiones mínimas, siendo, como son, asequibles a cualquier entendimiento. Porque siempre hubo quienes se distinguieron por escribir lo que pensaban con independencia de las consecuencias que ese acto tuviera (piénsese en Spinoza, en Galileo, en Descartes, etc.). Sin embargo, respecto a la redondez de nuestro mundo, nadie sacó conclusiones, ni antes ni después de la conclusión del viaje de Elcano ¿Cómo es posible que la discusión entre terraredondistas y terraplanistas haya demorado en producirse cinco siglos? 

El hecho descrito es muy grave en sí mismo porque indica una dificultad de comprensión; implica que el problema queda más allá del entendimiento; que es superior a nuestra naturaleza humana. Esto puede resultar paradójico para quienes no tenemos, aparentemente, ningún problema en imaginar un mundo redondo. Pero consideremos nuestra vida en comparación con la de alguien que cree que el mundo es plano: no se distinguen en nada. Todos deseamos progresar, conseguir una pareja atractiva; construir la vivienda de nuestros sueños; tener una familia; acceder a un trabajo que nos proporcione dignidad y nos permita proporcionar lo mejor a nuestra descendencia; viajar para conocer lugares exóticos... ¿No vivimos los terrarredondistas como si fuéramos terraplanistas? ¿Qué sucedió tras el problema global del COVID? ¿No volvimos con ansia a nuestra vida de siempre, que es la única que nos satisface y entendemos? Por lo que respecta a nuestra naturaleza, el "dentro" de la atmósfera terrestre es, en realidad, el único "fuera" posible, y todo lo que queda más allá, empezando por la nada interplanetaria, es un macizo hostil.  

En la tesitura expuesta aparece la idea de la exploración espacial como un hecho supuestamente natural, que llega como consecuencia del desarrollo de la técnica. Así lo plantean Arthur C. Clarke y Stanley Kubrick en su Odisea espacial 2001. El cineasta nos propone el espacio exterior como un vasto paisaje romántico a conquistar, disponible por mera voluntad, cuyos límites se amplían a medida que va desarrollándose la técnica. Nihil obstat. Pero este magnífico producto del arte, al que tanto debe el Poder, incluye la advertencia de que esa arcadia presenta fisuras (en la película es un imprevisto), que la llevarán al desastre. Y es que la exploración espacial pasa por alto la naturaleza, tanto la humana como la de todas las cosas. Y de la misma manera que sucede con la exploración espacial, el Poder, actualmente, está empeñado en crear una realidad perfecta, impecable, nítida, de bordes definidos, en la que no existen la ruina, la vejez, la locura... 

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