
La casa estaba en Sondika. El día era típico de esta época del año en esta parte de Vizcaya: oscuro y lluvioso, pero no frío.

Al volver a Sestao, me paré a contemplar esta Datura cándida, en intermitente pero permanente floración desde hace mucho tiempo. No hay vez que, al pasar bajo ella, no me detenga a examinar sus grandes y bonitas flores colgantes.
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