30.10.26

LA PANNE DE EL PRINCIPITO

La presencia de automóviles y en general, de aparatos a motor susceptibles de averiarse, debía ser aún lo suficientemente pequeña como para que, en 1951, cuando el argentino Bonifacio del Carril tradujo al castellano la obra de Antoine de Saint Exupéry, El principito, no encontrara en su lengua el término sinónimo del francés "panne", que puede traducirse inequívocamente como avería, a tenor de la primera acepción de su definición en francés. Y algo parecido sucedía en España con el término garaje, que como neologismo, aún aparecía escrito en su forma original "garage".

Volviendo a El principito, sucede que aún ningún editor (que yo sepa), parece haberse atrevido a hincarle el diente a la "panne" de Él principito, que es como yo encontré el término cuando leí la obra, y como aún lo sigo encontrando, reverencialmente conservado.


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